martes, 16 de agosto de 2011

Capítulo IV: Entre otras cosas...

No pasaron días sino semanas hasta el próximo encuentro. Durante ese lapso, Mercedes sabía que el paso del tiempo le jugaría en contra. Su ego era un rompecabezas que se fragmentaba fácilmente. Y sin dudas no había peor enemigo que ella misma. Miraba un horizonte que se alejaba. Su única guía eran estrellas ciegas que pedían su propia luz. Cada instante que pensaba, sentía que lanzaba monedas a la fuente pidiendo siempre por el mismo deseo en vano.
 Durante esa transición de los días, ella pasó por muchas situaciones. El clima en su casa no era el mejor, las peleas entre sus padres eran cada vez más frecuentes y su hermana amenazaba con abandonarlos. Su abuela no se encontraba bien de salud por lo que tenía que ir a cuidarla más frecuente. En cuanto a la facultad, los finales estaban cada vez más cerca y el tiempo de estudio se acortaba. Noches de insomnio y angustia eran parte de su rutina. Se reunía cada vez más frecuentemente con sus amigos y solía quedarse hasta altas horas en la biblioteca de la facultad para esquivar su camino hacia su casa. Allí se desataba una gran tormenta que tardaría en cesar. Sentía una gran fascinación por huir. Vender sus cosas e irse a otro lugar. Empezar una nueva vida, lejos de todo y de todos. Allí, su único cable a tierra era ver a Hernán, que por el momento, no daba señales de vida.
Era la madrugada cuando recibió un llamado. Por un instante se esperanzó con que fuera Hernán, pero los ‘milagros no suceden por aquí’ pensó. Era Irene, su mejor amiga.
‘Mecha,  ¿Cómo andás?’
‘ Es…muy…temprano…¿Qué pasó?’
‘Nada, pensaba en vos y me preocupé, no te veía bien el otro día’
‘Ah, nada nada, cosas nomás, facultad, familia, amigos…entre otras cosas. No te preocupes, cosas que les doy más importancia que las que merecen’
‘Cosas… ¡Qué misteriosa andás!’
‘Mañana te cuento, ando dormida ahora, te llamo, ¿ok?’
‘Dale, no te olvides, eh’
Últimamente así eran sus conversaciones. Cortas, breves y sin dar mayores explicaciones.
Finalmente tras varios días, siglos para Mercedes, el encuentro con Hernán se dio lugar. Era un buen día para ella ya que había conseguido plata y gastaría algo en lo que más le gustaba: la música. Iba camino a una disquería a comprarse aquel ansiado Cd de ‘Es Tabú’. En medio del camino, en Santa Fe y Junín, lo vio a Hernán bajando del taxi. Pero no solo. A su lado, una chica lo acompañaba. Un extraño nudo en la garganta se apoderó de Mercedes. No sabía si huir o saludarlo. Pero no tuvo tiempo para plantearse hipótesis sobre quién era aquella chica. De la nada, tres sombras la arrinconaron contra la pared en plena avenida. ’Dame el celular, dale’. Golpes, gritos y amenazas se apoderaron de la noche. Le sacaron todo lo que tenía de valor. Lloraba angustiada. Una sirena fue lo último que escuchó hasta desvanecerse.

(Continuará)

Escrito por @AnImaginaryBoy