domingo, 14 de agosto de 2011

Capítulo I: Por Buenos Aires

Iré publicando todos los días una parte de esta historia. Esta es la primera parte, espero que les guste.

Era un día típico de otoño, en el cual el frío congela las extremidades del cuerpo. Ella regresaba melancólicamente pisando aquellas hojas secas, testigos de una calle solitaria. En el camino observaba a los transeúntes, quienes la miraban con cierto resquemor: Indiferente, siguió su camino, pensando que quizás la razón por la cual no se relacionaba tan bien con la gente de su edad era porque tenían prejuicios. Inmersa en su problema existencial (y algo neurótico), criticaba a todo lo que pasaba a su lado. El viento helaba su rostro y sólo su mirada perdida se podía ver detrás de su bufanda. Caminaba por Montevideo y dobló en Corrientes. Se encontraría con sus dos amigos Martín y Alejandro e irían a Plaza Francia. Allí la esperaban. Hacia la plaza fueron. En el camino hablaban sobre cómo les había ido ese día y hacían bromas espontáneas sobre lo que veían a medida que caminaban. Llegaron. Guitarra en mano, empezaron a improvisar canciones. Susurraban ‘Nothing is gonna change my world’  y luego algunos arpegios improvisados que ambientaban la charla.
"Mecha, tengo una canción nueva", dijo Martín
"A ver", dijo ella
" Pero me tenés que ayudar con la letra"
"Veremos que sale"
Empezó a tocar. Mercedes improvisó una letra arriba. ‘Son así las vueltas del camino, un paso adelante y dos atrás son los que voy dando, pero aún así voy avanzando' decía el estribillo, y así quedó. No sabía porqué pero esa letra describía perfectamente su situación. Había sido un semestre extraño para ella. Sentía que su vida era una balanza en permanente cambio,  luchar todos los días para que estuviera estable. Motivarse y desmotivarse en un segundo. Como aquella letra, daba un paso adelante y dos atrás. A veces pensaba que ella misma era su peor enemigo.
Las primeras luces empezaban a dar lugar a la noche en Buenos Aires. Mercedes, Martín y Alejandro decidieron regresar. Ellos vivían cerca de la zona pero Mercedes tendría que tomar el colectivo cuyo viaje duraba sesenta eternos minutos. Aquel colectivo verde llegó y ella hizo lo que solía hacer cuando viajaba: pensar. El colectivo.Cuántas historias guardará y cuántos secretos esconderá. Ella miraba por la ventana y se le venían imágenes de lo que hizo durante el día y algún racconto de la semana en el medio.Un día más llegaba a su fin.

(Continuará)


Escrito por @AnImaginaryBoy