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martes, 18 de septiembre de 2018

Kurt Cobain, una guitarra acústica y Johnny Cash: lo que fue y lo que pudo ser

Una vez un amigo me dijo que Nirvana es una etapa inevitable por la que uno debe pasar. En ese entonces los dos tendríamos 18 años y del fanatismo fuerte por la banda de Kurt Cobain quedaban apenas rastros. Pero uno siempre vuelve ahí. Me pasó hace tres años y me paso nuevamente ahora. De querer volver escuchar Live At Reading, In Utero, Bleach, el MTV Unplugged, The Best of the Box...Precisamente en estos dos últimos discos  me detendré. Volver a escuchar la voz de Kurt en formato acústico me volvió a hacer pensar en muchas cosas, quizás en lo que él podría haber sido hoy si no hubiese ocurrido aquella tragedia en 1994. Pensaba "Cobain podría haber sido el sucesor de Johnny Cash". Él, casi en forma introspectiva, íntima y vulnerable, sacó su mejor repertorio en el MTV e hizo honor a otras canciones que no eran de su autoría como The Man Who Sold The World, Oh Me, Lake Of Fire, Jesus Doesn't Want Me For A Sunbeam, Plateau y la desgarradora versión de Where Did You Sleep Last Night. Era increíble cómo Kurt podía apropiarse de un tema y darle toda su impronta, al mejor estilo Cash. Luego pasé a escuchar los demos acústicos de About a Girl, All Apologies, Sliver, You Know You're Right, Rape Me y Serve The Servants del disco The Best of the Box. Otra vez en su intimidad, solo, expresando sus angustias y miedos de la forma más visceral posible. Sin dudas, que no me era imposible imaginarlo ahora como el Johnny Cash del nuevo siglo, con un talento no sólo en la composición sino también en la interpretación. En fin, en lo que fue y lo que pudo ser...



Curiosamente Kurt en una entrevista expresó sus deseos de empezar a tocar más con su acústica y de querer ser visto más como un cantante y compositor que un grunge rocker ya que de esa forma esto le daría las herramientas para cuando él sea viejo y esté sentado en una silla con una guitarra como Johnny Cash.


miércoles, 12 de septiembre de 2018

De un recuerdo cotidiano al análisis maduro de un disco: Devorador de Corazones (La Portuaria)

Hay discos o canciones que evocan un momento, un sentimiento, una persona, un  lugar...Hay veces que esos recuerdos pueden quedar marcados en nuestra mente por la trascendencia y lo determinante que puede ser en lo que somos. Pero también un disco o una canción puede quedar en nuestro pensamiento por un acontecimiento banal y desapercibido que no logra trascendencia hasta después de un largo tiempo. Eso me sucede con La Portuaria, una banda que me evoca momentos de cotidianeidad en aquellos momentos de pre-adolescencia del lejano 2003. Me lleva a aquellas tardes en la casa de un viejo amigo en las que pasábamos el rato entre juegos de mesa y música de fondo. Ajena, claro. Quien musicalizaba las tardes eran sus hermanas mayores, y entre los temas que siempre se repetían estaban Selva, 100000 Km, El Bar de la Calle Rodney, Nada es Igual y Devorador de Corazones. Era tal la repetición que en cuestión de tiempo ya me sabía todas las letras sin saber quién las interpretaba, claro.

Tiempo después me volví a encontrar con esta banda pero desde otra perspectiva, quizás desde un análisis más profundo. Ese encuentro fue en el libro Antología del Rock Argentino de Maitena Aboitiz. Allí no sólo me  encontré con el nombre de la banda sino también con el genio detrás de la canción: Diego Frenkel. El músico explicaba el orígen de la letra Nada es Igual: "Me sentía un poco solo, herido de amor, separado de una chica". Precisamente de ese mal momento surgió su frase "Diego, hace amigo del dolor", a partir de algo que le dijo una amiga en una de esas noches de tristeza. El artista cuenta también que también la letra refleja un poco su vida a los 27 años, entre el budismo, el existencialismo, los amigos y las angustias: "Por ejemplo la frase "Tenía frío en las noches de calor, que hace tiempo creía que era imposible estar bien en soledad, que la cama fría en la noche tibia un día lo iba a matar" ¡Me estaba hablando a mí mismo!". Ya desde un   lugar más maduro y desde otra experiencia empecé a ahondar en la obra de Frenkel y a valorarla desde otro punto de vista. Devorador de Corazones empezó a formar parte de mi catálogo de discos preferidos ya no porque me puede evocar un momento allá en 2003 sino también por su calidad artística. Sin más, les comparto el álbum para que lo puedan disfrutar:

miércoles, 5 de septiembre de 2018

Veronica Lake: el peinado en tiempos de guerra

Veronica Lake fue una de las actrices más icónicas de los años 40s no sólo por sus papeles de femme fatale y ser el complemento perfecto para Alan Ladd (en películas como Saigon, The Blue Dahlia, The Glass Key y This Gun for Hire) sino también por su peinado. En su mejor momento de popularidad, el famoso peek-a-boo style de Lake repercutió tanto en la sociedad que incluso el gobierno de EEUU tuvo que pedirle que por favor aconseje a las muchachas jóvenes americanas a no imitar dicho estilo ¿Cómo? Cuando EEUU ingresó a la guerra la mujer sin dudas que tuvo un papel importante y uno de los lugares en el que tomaron la posta fue la fábrica.¿Cómo se relaciona este acontecimiento con Lake? Pues resulta que su peinado podía llegar a provocar problemas a las chicas a la hora de realizar los trabajos fabriles tales como por ejemplo que su cabello se pudiese atascar en alguna de las máquinas. A continuación les comparto el documento de la época en el que Veronica recomienda una nueva alternativa a su peinado:


martes, 4 de septiembre de 2018

Hana, la música a través de la banda ancha: Fetiche (2006)

Quizás la nostalgia me hace volver a escribir para este (casi) extinto blog. Lo cierto es que aquí me encuentro una vez más haciendo la reseña de un disco que creía casi olvidado y perdido en algún lugar recóndito de mi mente. No es una obra maestra, no es un artista renombrado pero sin dudas que este álbum formó parte de mi adolescencia allá por el lejano 2006. Un año en el que disfrutaba del pop Babasónico con Anoche (2005) y el britpop made in Temperley de Juana la Loca con Casablanca (2005). En el medio de ellos dos había lugar para Fetiche (2006) de Hana (Florencia Ciliberti). Quizás lo curioso fue cómo encontré su material: una canción de una publicidad se me había pegado y yo no iba a parar hasta no encontrar su intérprete:




La letra, claro, modificada para la ocasión. Pero la melodía era contagiosa, hipnótica, pegadiza...En fin el gérmen pop se había introducido en mi cabeza. Cuando pude bien develar la incógnita me metí de lleno en el disco que contenía este tema (Parque de diversiones) y sin dudas entró en mi lista de reproducción. Fetiche, tal como se tituló este álbum, contiene once temas con letras sintéticas que encajan perfectamente con el sonido pop de Hana. Por momentos con frases a modo de destino manifiesto como "resisto por la creación" (Fantasía), "me gusta ser puntual jamás llevo reloj" (No tengo idea) o "pinto mi mejor canción canto mi mejor color" (Egoísta) en referencia a sus dos pasiones la música y la pintura. Pero también hay lugar para las letras de amor (Mucho más, Parque de diversiones, Fóbicos) y a lo surrealista (¿o bizarro?) como Sachasandia.

 

viernes, 11 de agosto de 2017

After Laughter: evolución, crecimiento y madurez de un artista

Creo que fue a fines del año pasado (o a principios de este), que comencé a escuchar Paramore nuevamente. Quizás por una cuestión de nostalgia, no lo sé, busqué aquel tema que sonaba (invadía) la radio en 2009, Decode. Nunca fui fan de la banda, ni tampoco había ahondado en su discografía pero ese tema tenía algo hipnótico, pegadizo, que hacía que lo quisiera volver a escuchar una y otra vez. Y es así que volví a escuchar a esta banda oriunda de Franklin. Primero con algunos set acústicos, luego compilados (con sus greatest hits), y finalmente con su repertorio completo desde Riot! a Paramore. Poco a poco iba descubriendo el mundo de Hayley Williams y cia. Comencé a prestar atención a ciertos detalles como las letras, la instrumentación, el background de cada uno de los integrantes, los cambios que sufrió la banda, diferentes versiones en vivo de un tema, covers...En fin, ese proceso que uno lleva a cabo cuando se va transformando en fan de un grupo. Cuando ya creía haberlo descubierto todo, llegó su quinto álbum After Laughter ¡Y qué sorpresa me llevé! De aquel sonido pop punk no quedaba rastro. Un disco totalmente diferente a lo que habían hecho, con claras influencias del dance de los 80's. El contraste es evidente, pero a medida que uno va escuchando los temas, comienza a entender que ese cambio quizás era necesario. Hayley demostró que encasillarse y quedarse en la zona de comfort no iban a servir de nada para evolucionar profesionalmente. Además, ellos ya no son más adolescentes, por lo que insistir con un mismo estilo a veces puede dejarlos en ridículo. Su madurez es explícita no sólo en lo musical sino también en las letras que demuestran cierta lucha de Hayley con respecto a los desafíos que le plantea la vida. Casi existencial y bordeando temas como la ansiedad y la depresión, Williams encuentra empatía con su público y eso es recíproco. Hace unos días ella reveló que estuvo en una crisis que la llevó a pensar en que ya no tenía motivos para hacer lo que más le gusta (Hard Times, Caught in the Middle y Fake Happy pueden ser una muestra de su vivencia). Estas declaraciones me hicieron entender que los artistas son seres humanos de carne y hueso, que a veces uno los coloca en un pedestal (Hayley retrata este tema perfectamente en Idle Worship) pero detrás de ellos yace su fragilidad. Esta nueva etapa de Paramore debería ser más que bienvenida porque no sólo muestra la evolución y madurez de la banda sino también el renacer de Hayley como artista. No porque su carrera estuviese acabada, al contrario, sino porque la música nuevamente la volvió a salvar. Y si a ella la música la pudo sacar de un mal momento, a nosotros también.