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domingo, 19 de abril de 2015

Ni para bien, ni para mal (Por Claudio Gómez)

Lejos, atrás,
cualquier lugar, casual,
el tiempo dirá.

Un paso más,
el sentimiento fugaz,
un fuerte despertar.

Bien, allá,
inequívoco proceder.

Reciprocidad nula,
inútil forzar,
mejor es olvidar.

Un rayo podría evocar
sonidos de libertad.
El cielo gris podría mostrar
sentimientos de soledad.

Allá lejos estás,
una fuga impar
una vez más...





martes, 14 de abril de 2015

Capítulo 93, Rayuela (Julio Cortazar)

“Pero el amor, esa palabra... Moralista Horacio, temeroso de pasiones sin una razón de aguas hondas, desconcertado y arisco en la ciudad donde el amor se llama con todos los nombres de todas las calles, de todas las casas, de todos los pisos, de todas las habitaciones, de todas las camas, de todos los sueños, de todos los olvidos o los recuerdos. Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que me atormenta que me ames (cómo te gusta usar el verbo amar, con qué cursilería lo vas dejando caer sobre los platos y las sábanas y los autobuses), me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado...”

viernes, 6 de marzo de 2015

Cuento Corto: Esta vez (Por Claudio Gómez)

Play. Música. Esta vez no escribo desde la introspección. Ni desde la tristeza. Ni desde las penas. Ni desde el olvido. Ni desde la multiplicidad de interpretaciones. Hago obvio mis pensamientos, sin palabras extrañas, sin construcciones complejas. Esta vez no se entremezcla ficción y realidad. Esta vez es muy diferente. Esta vez me animo a creer, a luchar contra mí otro yo, a dejar de lado los fantasmas que de vez en cuando rondan para mostrar sus garras. Esta vez escribo desde el más profundo sentimiento, desde otro cristal me atrevo a ver las cosas. Me cansé. Silencio, Pienso. Bien. Sobrepensar ¿Para qué? Basta. Ahora creo. Simplicidad. Apuesto, me dejo llevar. Dejo que el instinto fluya. Estoy a medio paso, estoy decidido….Es una promesa. La quiero cumplir. Por mí, por vos…

miércoles, 23 de julio de 2014

Microrrelato: Plot twist (Parte I) por Kurepa

Bastaba una mirada para terminar de encontrar todas las aristas, las rebabas de cada pensamiento que pasaba de largo y de cada mano que se soltaba en una estación de tren. Si se piensa lo suficientemente fuerte todo sucede y se saltan las barreras que nos separan de comenzar a matar a mansalva, sin reparar en las víctimas ni el efecto colateral de arruinar todo el set. Todo se reducía en esa búsqueda, una pequeña vanidad democrática entre tanta dictadura de realización y todo lo que se debe leer a escondidas para evitar la mirada sobre el hombre, la pregunta inevitable emitida en el afán de encontrar una razón para la creación, una justificación convincente para muchos nombres, muchas firmas y tantas otras manos estrechadas. El fuerte se cae, se derrumba como el castillo de naipes, acá también el cliché, el lugar común y la corrección estética y política ¿Acaso es válido preguntarse, entonces, si la vida tiene algún sentido? ¿Si la vanguardia lleva de manera ineluctable a la máxima expresión? ¿Si no se da todo perdido desde el precepto mismo de ser cómplices de la inmediatez?
Saltar el charco,
batir y esperar,
a la Ofelia que no se ahogó, ni acá                                                         ni allá.
Tristes, las hojas muertas caen, golpean y suavizan la llegada. Otra gota más revuelta en una última cena del apocalipsis, el scat necesario para apartarse con un paso al costado y así ver la big picture.

La verdad es que necesitamos un poco de ayuda

necesitamos, ayuda, verdad

(Continuará...)

jueves, 3 de julio de 2014

Cuento Corto: Descender (Por Claudio D. Gómez)

"No sé, habrá sido la inconsciencia o el dolor de ya no ser. Disparó hacia el aire desafiando a la gravedad, el sinsentido arrollador que, en un tono devastador, lo dejó mirando al horizonte, casi perplejo. Despegó su mirada, casi como volviendo a la realidad ¡Vaya golpe! Aterrizar así...De forma tan abrupta, tan veloz...No atinó a hacer nada, sus reflejos se habían perdido. Con un tono desafiante pensó en la mierda del mundo y se dejó llevar por los pensamientos caóticamente ordenados, se dejó arrastrar por la corriente y, desafiando toda ley, se arrojó hacia el firmamento..."

miércoles, 2 de julio de 2014

The Death of the Moth (Virginia Woolf)

La muerte de la polilla (The Death of the Moth) es un ensayo de la escritora inglesa Virginia Woolf, publicado dentro de la obra del mismo nombre en 1942.

Este ensayo de Virginia Woolf, cuyo estilo resulta incomprensible para las letras hispánicas pero de enorme tradición en la literatura inglesa, es una exploración fantástica sobre el sentido de la vida y la muerte.


miércoles, 18 de junio de 2014

Cuento corto: Real (Por Lucas Gunner)

Pensé que nunca iba a poder olvidarla. Sus rasgos habían quedado grabados en mí como nunca había sucedido con otra persona. Su voz, sus gestos, su belleza y hasta su histeria se habían metido en mi ropero y en mis canciones. La vida parecía que no podía continuar, pero de algún modo mágico continuó.

La había conocido una noche en la que no tenía pensado conocerla y como todo lo que no se planea, puede ser maravilloso. De hecho lo fue. Y aunque en un momento dejó de serlo, esa historia quedará para el final. Por ahora, lo que corresponde es explicar el porqué de lo maravilloso.

La noche en que la conocí la sentí preciosa, angelical… Sus ojos parecían los de un ave caída del cielo, de esas que se quedan por un rato habitando la tierra, como si no pertenecieran a este mundo, como si el cielo fuera un lugar separado del planeta. Así la percibí cuando intenté acercarme para invitarla a bailar. Algunos pasos de baile desafortunados y algún que otro beso sin demasiado compromiso fue lo que nos unió esa noche.

Habían pasado 3 años cuando nos volvimos a encontrar. Me dijo que no tomaba mate y me invitó a su casa a tomar una gaseosa que no me gustó. Me invitó con galletitas y charlamos de la vida. Volví a mi casa pensando en que me iba a gustar estar con ella. Con el correr de los días, las conversaciones electrónicas nos acercaron un poco más. Hablábamos como si nos conociéramos de toda la vida y eso hizo que nos conectáramos personalmente. A ella le gustaba saber de mí más que a mí de ella, en realidad.

Pronto todo fue siguiendo el curso normal de dos personas que se buscan y una de esas noches terminamos durmiendo juntos. Ella tenía miedo de lo que podría pasar. Yo, un poco confundido con el momento, decidí besarla. Sentí que se había roto algo entre nosotros. Se había hecho real. Aún siento que fue un sueño, la fuga de la realidad. Nunca me había sentido así, algo en mí había cambiado, como la primera vez que escuché a los Beatles, como la primera vez que leí un libro completo y entendí su argumento.

Nuestra relación fue tan corta como intensa, fuimos como dos seres fundidos en uno. Nos queríamos, pero no éramos para nosotros. Y aquí me toca contar la parte del momento en que todo dejó de ser maravilloso. Alegó que todo había sido una confusión. Ella me quería, pero lo nuestro no podía ser. Ella me necesitaba, pero lo nuestro no podía ser. Ella quería estar conmigo, pero lo nuestro no podía ser.

Entre idas y vueltas, todo terminó. A veces, el orgullo propio puede más. El orgullo, a veces, es necesario para poder seguir respirando por nuestra cuenta. Al fin y al cabo, nacemos y morimos solos. Todo fue real, más de lo que esperaba. Algunas heridas parecen que no cierran, pero en un momento dado, nuestras neuronas ayudan a que el corazón tome conciencia. Todo lo que había sido maravilloso, dejó de serlo; pero con el tiempo eso también caducó.

Pensé que nunca iba a poder olvidarla. Nunca más volví a verla.

martes, 20 de mayo de 2014

Cuento corto: El fracaso (Anton Chejov)

Antón Pávlovich Chéjov, fue un médico, escritor y dramaturgo ruso. Encuadrable en la corriente naturalista, fue maestro del relato corto, siendo considerado como uno de los más importantes escritores de cuentos de la historia de la literatura. Aunque ya era conocido en Rusia antes de su muerte, Chéjov no se hizo internacionalmente famoso hasta los años posteriores a la Primera Guerra Mundial, cuando las traducciones de Constance Garnett al inglés ayudaron a popularizar su obra.
Las obras de Chéjov se hicieron tremendamente famosas en Inglaterra en la década de 1920 y se han convertido en todo un clásico de la escena británica. En Estados Unidos, autores como Tennessee Williams, Raymond Carver o Arthur Miller utilizaron técnicas de Chéjov para escribir algunas de sus obras.

Illia Sergeich Peplov y su mujer, Cleopatra Petrovna, escuchaban junto a la puerta con gran ansiedad. Al otro lado, en la pequeña sala, se desarrollaba, al parecer, una escena de declaración amorosa. Su hija Nataschenka se prometía en aquel momento con el profesor de la Escuela Provincial, Schupkin.

-Parece que pica -murmuraba Peplov, temblando de impaciencia y frotándose las manos-. Mira, Petrovna... Tan pronto como empiecen a hablar de sentimientos, descuelgas la imagen de la pared y entramos a bendecirlos... Quedarán cogidos. La bendición con la imagen es sagrada e irrevocable... Ni aunque acuda al juzgado podrá ya volverse atrás.

Al otro lado de la puerta estaba entablado el siguiente diálogo:

-¡Nada de su carácter!... -decía Schupkin, frotando una cerilla en sus pantalones a cuadros para encenderla-. Le aseguro que yo no fui quien escribió las cartas.

-¡Vamos no diga!... ¡Como si no conociera yo su letra! -reía la damisela lanzando grititos amanerados y mirándose al espejo a cada momento-. La reconocí en seguida. ¡Y qué cosa tan rara!... ¡Usted, profesor de caligrafía y haciendo esos garrapatos!... ¿Cómo va usted a enseñar a escribir a otros si escribe usted tan mal?...

-¡Hum!... Eso no significa nada, señorita. En el estudio de la caligrafía lo principal no es la clase de letra..., lo principal es mantener sujetos a los alumnos. A uno se le pega con la regla en la cabeza..., a otro se le pone de rodillas... ¡Pero la escritura! ¡Pchs!... ¡Eso es lo de menos!... Nekrasov era un escritor y daba vergüenza ver cómo escribía. En sus obras completas viene una muestra, ¡qué muestra!, de su caligrafía.

-Sí..., pero aquel era Nekrasov, y usted es usted... -un suspiro-. ¡A mí me hubiera encantado casarme con un escritor! ¡Se hubiera pasado el tiempo haciéndome versos!

-También yo puedo hacerle versos si lo desea.

-¿Y sobre qué sabe usted escribir?

-Sobre el amor..., sobre los sentimientos.... ¡Sobre sus ojos!... Cuando los lea usted se quedará asombrada. ¡Le harán verter lágrimas! Dígame: ¿si yo le escribiera unos versos llenos de poesía me daría a besar su manecita?

-¡Vaya una tontería!... ¡Ahora mismo si quiere! Bésela.

Schupkin se levantó de un brinco y con ojos que parecían prontos a saltársele apretó sus labios sobre la mano gordezuela que olía a jabón de huevo.

-¡Descuelga la imagen! -dijo apresuradamente Peplov, dando un codazo a su mujer, palideciendo de emoción y abrochándose los botones de la chaqueta-. ¡Anda, vamos! -y sin perder un segundo abrió la puerta de par en par-. ¡Hijos! -balbució, alzando las manos y con lágrimas en los ojos-. ¡Que el Señor los bendiga! ¡Hijos míos!... ¡Vivan! ¡Sean fructíferos y multiplíquense!...

-¡Yo!... ¡También yo los bendigo! -dijo la madre, llorando de felicidad-. ¡Sean dichosos, queridos míos! ¡Oh!... -prosiguió, dirigiéndose a Schupkin-. ¡Me arrebata usted mi único tesoro!... ¡Quiera a mi hija! ¡Mímela!...

La boca de Schupkin se abrió de asombro y de susto. El asalto de los padres había sido tan inesperado y tan atrevido que no podía pronunciar una sola palabra.

«Me han cogido... Me han cogido... -pensó, preso de espanto-. Te ha llegado el fin, hermano... Ya no te escaparás...» Y sumisamente presentó su cabeza, como diciendo: «¡Tómenla..., estoy vencido!»

-¡Los... ben.., bendigo... -prosiguió el padre; y empezó a llorar también-. ¡Natascheñka!... ¡Hija mía!... ¡Ponte a su lado!... ¡Petrovna, trae la imagen!

Pero en aquel momento el llanto del padre cesó y su rostro se alteró con furia.

-¡Zoquete!... ¡Cabeza huera! -dijo, dirigiéndose con enfado a su mujer-. ¿Es ésta acaso la imagen?...

-¡Ay, Dios mío!... ¡Virgen Santísima!...

¿Qué había ocurrido?... El profesor de caligrafía levantó temerosamente los ojos y se vio salvado. En su precipitación, la madre había descolgado equivocadamente de la pared el retrato del literato Lajechnikov. El viejo Peplov y su esposa Cleopatra, con él entre las manos, no sabían en su azoramiento qué hacer ni qué decir. El profesor de caligrafía aprovechó el momento de confusión y huyó.

miércoles, 7 de mayo de 2014

Cuento corto: La francesa (A. Bioy Casares)

Me dice que está aburrida de la gente. Las conversaciones se repiten. Siempre los hombres empiezan interrogándola en español: «¿Usted es francés?» y continúan con la afirmación en francés: « J’aime la France». Cuando, a la inevitable pregunta sobre el lugar de su nacimiento ella contesta «Paris», todos exclaman: «Parisienne!», con sonriente admiración, no exenta degrivoiserie como si dijeran «comme vous devez éter cochonne!». Mientras la oigo recuerdo mi primera conversación con ella: fue minuciosamente idéntica a la que me refiere. Sin embargo, no está burlándose de mí. Me cuenta la verdad. Todos los interlocutores le dicen lo mismo. La prueba de esto es que yo también se lo dije. Y yo también en algún momento le comuniqué mi sospecha de que a mí me gusta Francia más que a ella. Parece que todos, tarde o temprano, le comunican ese hallazgo. No comprendo -no comprendemos- que Francia para ella es el recuerdo de su madre, de su casa, de todo lo que ha querido y que tal vez no volverá a ver.

jueves, 20 de marzo de 2014

Tejiendo un malentendido

Sí, claro algún mensaje subliminal, entre líneas, en un universo totalmente opuesto al mío al tuyo...Una frase al vacío, políticamente incorrecta (como el noventa por ciento de mis acciones) destilando vanidad y orgullo casi derribando (o queriendo hacerlo) al contrincante. Un contrincante que, un par de años antes, había sido compañero fiel y leal. Pero bueno la frase salió como un bólido a punto de estallar. Y, claro, en ese universo de redes interconectadas se tejió el malentendido. Una frase catártica casi fatal que devino del cansancio de querer hacer las cosas bien, un último round, un punch final a tanta histeria. Lo curioso es, querido lector, que lo mismo sucedió de manera inversa. Ese contrincante que leyó en el anonimato de la soledad aquel mensaje destructor, hizo lo mismo con mi figura. Al final, los dos terminamos siendo contrincantes, los dos terminamos siendo políticamente incorrectos, los dos nos habíamos cansado de querer hacer las cosas bien. Decir adiós es crecer, dijo Gustavo ¿no?

Por Claudio Gómez

lunes, 17 de febrero de 2014

¿Así que quieres ser escritor? (Por Charles Bukowski)


Henry Charles Bukowski nació en Andernach (Alemania), el 16 de agosto de 1920. Era hijo de un militar estadounidense llamado Henry Bukowski y de una mujer alemana de nombre Katherine Fett.Su trayectoria literaria dio inicio en la década de los 50, escribiendo poesía y relatos para diferentes revistas, entre ellas "The Outsider". En sus textos creó un alter ego llamado Henry Chinaski, quien aparece en gran parte de sus obras. La primera vez en su conocida novela "Cartero (Post Office)" (1971). Las novelas y los relatos de Bukowski suelen estar basados en experiencias autobiográficas, como la citada "Cartero", uno de los libros más importantes de su bibliografía. "Factotum" (1975), "Mujeres (Women)" (1978), "La senda del perdedor (Ham on Rye)" (1982), "Hollywood" (1989), "Pulp" (1994), "Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones (Erections, Ejaculations, Exhibitions and general tales of ordinary madness)" (1972), "La máquina de follar (Fuck Machine)" (1977), "Música de cañerías (Hot Water Music)" (1983), o "Escritos de un viejo indecente (Notes of a Dirty Old Man)" (1969) son textos con miradas corrosivas y cáusticas a los escenarios, ambientes, personajes y sensaciones más repelidas de la existencia.


¿Así que quieres ser escritor? 

Si no te sale ardiendo de dentro,
a pesar de todo,
no lo hagas.
A no ser que salga espontáneamente de tu corazón
y de tu mente y de tu boca
y de tus tripas,
no lo hagas.
Si tienes que sentarte durante horas
con la mirada fija en la pantalla del ordenador
ó clavado en tu máquina de escribir
buscando las palabras,
no lo hagas.
Si lo haces por dinero o fama,
no lo hagas.
Si lo haces porque quieres mujeres en tu cama,
no lo hagas.
Si tienes que sentarte
y reescribirlo una y otra vez,
no lo hagas.
Si te cansa sólo pensar en hacerlo,
no lo hagas.
Si estás intentando escribir
como cualquier otro, olvídalo.

Si tienes que esperar a que salga rugiendo de ti,
espera pacientemente.
Si nunca sale rugiendo de ti, haz otra cosa.

Si primero tienes que leerlo a tu esposa
ó a tu novia ó a tu novio
ó a tus padres ó a cualquiera,
no estás preparado.

No seas como tantos escritores,
no seas como tantos miles de
personas que se llaman a sí mismos escritores,
no seas soso y aburrido y pretencioso,
no te consumas en tu amor propio.
Las bibliotecas del mundo
bostezan hasta dormirse
con esa gente.
No seas uno de ellos.
No lo hagas.
A no ser que salga de tu alma
como un cohete,
a no ser que quedarte quieto
pudiera llevarte a la locura,
al suicidio o al asesinato,
no lo hagas.
A no ser que el sol dentro de ti
esté quemando tus tripas, no lo hagas.
Cuando sea verdaderamente el momento,
y si has sido elegido,
sucederá por sí solo y
seguirá sucediendo hasta que mueras
ó hasta que muera en ti.
No hay otro camino.
Y nunca lo hubo.

jueves, 23 de enero de 2014

Los cronopios de Cortázar en dibujitos animados

En abril próximo se estrenará el largometraje de animación Historias de cronopios y de famas, realizado a partir de las ilustraciones de grandes artistas plásticos argentinos como Daniel Santoro, Luis Felipe Noé y Carlos Alonso. El director del largometraje, Julio Ludueña señaló por Radio Provincia que “tuve la suerte de conocer en los años ’70 a Julio Cortázar  con quien tomé un largo cafecito porque creo que estoy en esto porque me gusta mucho el cine y también porque leer a Cortázar cuando tenía 20 años, me revolucionó completamente porque entendí que se podía escribir tan profundo como los académicos pero con un lenguaje no tan alejado de lo nacional y popular”.
 
La filmación de la animación llevó 6 años y en ese sentido, el director señaló “el desarrollo del proyecto me llevó otros dos años más y esos 6 años posteriores se va en nuclear este elenco y después en la animación donde cada pintor tenía un estilo distinto y había que buscar software para cada modalidad”.
 
En cuanto  las voces que eligió, entre las cuales se destacan Stella Maris Closas, Cristina Tejedor, AldoPastur, Juan Carlos Galván y Rodolfo Graziano , Ludueña consideró que “la voz es parte central del actor y quienes fueron convocados son aquellos que no solamente dominan el cuerpo en la actuación sino su voz y por ello, buscamos quienes tuvieron contacto con radioteatros”. (Tomado de http://www.amprovincia.com.ar)

martes, 3 de diciembre de 2013

Presentamos 'El escritor maldito' y 'Tierra silenciosa' de Jeremías Vergara

Jeremías Vergara es un joven poeta nacido el 07 de septiembre de 1990 y criado en el pueblo montañés de San Martin de los Andes (lugar de lagos, bosques y nieve) en la provincia de Neuquén Republica Argentina, lugar que lo inspiró para investigar y escribir sobre mitología medieval escandinava y muchas más(Romana,Mapuche,Anglosajona y muchos mas temas que no tienen que ver solo con la mitologia).  En 2012 con 21 años publicó de manera artesanal su primera obra literaria “El escritor maldito” (poesías) presentándolo en la Feria del Libro de la Ciudad de Cipolletti, en la feria del libro de San Martin de los Andes, en la feria internacional del libro de la ciudad de Buenos aires, en encuentros de escritores en la ciudad de Cutral Co y Allen. Dicho material es un libro de poesía que tal vez muy a menudo no se encuentra a la hora de leer,es un relato que abarca las edades del hombre desde su aparición en el mundo,sus ideas y sus transformaciones hacia lo mas complejo de la perversidad y su lado particular el amor.los relatos caminan de la mano del tiempo,guiando al lector hacia lo mas oscuro,donde cada uno escapara a su manera o...tal vez no escapen.
 Uno de los poemas de este libro fue premiado en el concurso de poesía oscura en el distrito federal de México, donde fue premiado en el primer lugar, su nombre es, “En el nombre del padre” en 2013. Ahora a los 22 años, edita su segundo libro “Tierra silenciosa” (poesías). Jeremías cultiva el género épico medieval (mitología escandinava) y también otras más que encuentran en los libros. Uno de los poemas fue premiado en la Ciudad de Rocha Uruguay por el Club de Leones en octubre de 2012, su nombre es “Solsticio en la oscuridad”. Pertenece este joven poeta al Centro de Escritores Ingeniero Cesar, desde octubre del 2012 junto a grandes amigos y escritores que componen el grupo.

Dice el autor sobre sus dos obras:



"Mis dos libros, El escritor maldito y Tierra silenciosa son dos textos que plasman, a mi criterio, la intención de que este conjunto de poemas relatos mediante la palabra conduzca a los lectores a que viajen a mundos antiguos y perciban que la historia, las leyendas, etc. son cíclicas, se repiten y alimentan la actualidad, donde pueden, por ejemplo, encontrar a Sócrates cuestionado por ser la imagen de otro, a los pueblos anglosajones de antaño con su valor ante la guerra y sus valores ante ella y el Ragnarok con la batalla final de los dioses y las fuerzas del mal, a los griegos y como surgieron las edades de oro, plata y bronce del hombre hasta lo que somos y (Medusa, Orfeo, Hades, etc.) con su sabiduría y sus épicas historias. También encontraran personajes también olvidados por la historia como la Condesa Erzsébet Báthory de Ecsed, Jack el destripador.
Encontrarán a Los pueblos originarios de América (En este caso son los pueblos Mapuche y Azteca) sus ritos y su magia.
La llegada de las carabelas y su relación en la historia con los primeros vikingos que llegaron al continente y su relación con los pueblos originarios de centro América.
La época de la inquisición y la persecución de aquellos que se oponían al dogmatismo religioso de la época. (Es una crítica al dogmatismo religioso y la persecución y quema de brujas). El paganismo y la relación con la naturaleza, los señores de antaño(Los bosques). Exorcismo y posesión. La época feudal y sus señores, su abuso de poder, y la reacción de quienes eran sometidos. La segunda guerra mundial y el desembarco de Normandía en la piel de un médico. El ser caníbal de un hombre. Pintores y sus técnicas particulares de pintar. Una filarmónica que suena en lo más profundo del infierno. La marcha de los hombres condenados por la rabia de la humanidad, La vida de una hombre que sólo vive para quienes viven en su papel, para sus personajes, y muchos más temas…todos esto pensado en un entorno donde trasciende desde la música, la locura, la oscuridad, la luz, el hambre, la libertad, el honor, el amor, la brutalidad, una época medieval y mucho más…"



miércoles, 27 de noviembre de 2013

Cuando de dormir se trata...

Supongo que habrá un hecho de nuestra vida que nos condiciona como personas, o mejor dicho, que condiciona nuestra personalidad. Es difícil, quizás, indagar por mucho tiempo, ahondar en aquellos detalles despercibidos y buscar en esa introspección cuál fue el momento detonante. Ahora pues bien, decir que hay un solo aspecto que nos ha (de)formado sería banalizar la condición humana. Adentrándome en la fibra de mi ser me he puesto a pensar, divagar y jugar con aquellos pensamientos que he considerado gran parte del tiempo como absurdos. Aquellos pensamientos mundanos que suelen aparecerse en la noche cuando el telón se nos cae encima casi como si fuera una sacudida. Un shock eléctrico que nos hace caer a la realidad y quitarnos todas esas máscaras que usamos durante el día. Porque al fin y al cabo somos actores con diferentes máscaras en diferentes escenarios mostrando una pose cuasicorrecta para poder encajar en la sociedad. Es así que al encontrarnos en la soledad, fuera de las luces escénicas y lejos de los espectadores de turno, mostramos nuestra fragilidad más sensible. Nos ponemos en la piel que mejor nos define, vienen nuestras dudas, miedos, fantasmas, sueños, fracasos...Es por eso que la mayoría de la gente decide dormir o salir a pasear a la noche, sólo por eso, por temor a sacarse todas esas máscaras que develan su más grande miseria humana.


Por Claudio Gómez

jueves, 21 de noviembre de 2013

De profecías autocumplidas y otras cosas

No sucedió, al contrario de sus expectativas, tal como lo había pensado. En el último respiro, en el último abrazo, sabía que algo faltaba, mejor dicho, que algo claro implícito necesitaba cerrar aquella noche. Se había imaginado aquella situación pero en ese presente efímero alguien puso palabras en su boca aunque no así ajenas a su pensamiento. El tiempo se había dormido, por unos meses, y ambos habían cambiado. Para bien, para mal, eso era relativo. Ya habían pasado por una situación similar y el cierre había sido otro, la conclusión diferente. Es por eso que quizás, con cierta madurez (¿o racionalidad?) intentó dar una explicación a esa esquiva demostración de amor. No estaba como para sentirse en una posición de juez, de dictar sentencia, de decidir con quién o no estar, pero más allá de su superficialidad tenía en claro que el aprecio a una persona trasciende un mero simbolismo.  ‘Hagamos un pacto’ se dijo a sí mismo, el tiempo iba a definir cuán equivocado (o no) estaba. Arrojó una catarata de explicaciones (desvariaciones) para poder darle cierto sentido común a lo que pasaba y se dieron a la fuga. Una fuga impar, cada uno por su lado, quizás con el pensamiento atormentando tanto a uno como a otro. Aún así, sabían que estaban unidos por un destino aparente. Quizás en unos años, quién sabe…

Por Claudio Gómez

martes, 1 de octubre de 2013

La casa encantada (Virginia Woolf)

A cualquier hora que una se despertara, una puerta se estaba cerrando. De cuarto en cuarto iba, cogida de la mano, levantando aquí, abriendo allá, cerciorándose, una pareja de duendes.

«Lo dejamos aquí», decía ella. Y él añadía: «¡Sí, pero también aquí!» «Está arriba», murmuraba ella. «Y también en el jardín», musitaba él. «No hagamos ruido», decían, «o les despertaremos.»

Pero no era esto lo que nos despertaba. Oh, no. «Lo están buscando; están corriendo la cortina», podía decir una, para seguir leyendo una o dos páginas más. «Ahora lo han encontrado», sabía una de cierto, quedando con el lápiz quieto en el margen. Y, luego, cansada de leer, quizás una se levantara, y fuera a ver por sí misma, la casa toda ella vacía, las puertas quietas y abiertas, y sólo las palomas torcaces expresando con sonidos de burbuja su contentamiento, y el zumbido de la trilladora sonando allá, en la granja. «¿Por qué he venido aquí? ¿Qué quería encontrar?» Tenía las manos vacías. «¿Se encontrará acaso arriba?» Las manzanas se hallaban en la buhardilla. Y, en consecuencia, volvía a bajar, el jardín estaba quieto y en silencio como siempre, pero el libro se había caído al césped.

Pero lo habían encontrado en la sala de estar. Aun cuando no se les podía ver. Los vidrios de la ventana reflejaban manzanas, reflejaban rosas; todas las hojas eran verdes en el vidrio. Si ellos se movían en la sala de estar, las manzanas se limitaban a mostrar su cara amarilla. Sin embargo, en el instante siguiente, cuando la puerta se abría, esparcido en el suelo, colgando de las paredes, pendiente del techo... ¿qué? Yo tenía las manos vacías. La sombra de un tordo cruzó la alfombra; de los más profundos pozos de silencio la paloma torcaz extrajo su burbuja de sonido. «A salvo, a salvo, a salvo...», latía suavemente el pulso de la casa. «El tesoro está enterrado; el cuarto...», el pulso se detuvo bruscamente. Bueno, ¿era esto el tesoro enterrado?

Un momento después, la luz se había debilitado. ¿Afuera, en el jardín quizá? Pero los árboles tejían penumbras para un vagabundo rayo de sol. Tan hermoso, tan raro, frescamente hundido bajo la superficie el rayo que yo buscaba siempre ardía detrás del vidrio. Muerte era el vidrio; muerte mediaba entre nosotros; acercándose primero a la mujer, cientos de años atrás, abandonando la casa, sellando todas las ventanas; las estancias quedaron oscurecidas. Él lo dejó allí, él la dejó a ella, fue al norte, fue al este, vio las estrellas aparecer en el cielo del sur; buscó la casa, la encontró hundida bajo la loma. «A salvo, a salvo, a salvo», latía alegremente el pulso de la casa. «El tesoro es tuyo.»

El viento sube rugiendo por la avenida. Los árboles se inclinan y vencen hacia aquí y hacia allá. Rayos de luna chapotean y se derraman sin tasa en la lluvia. Rígida y quieta arde la vela. Vagando por la casa, abriendo ventanas, musitando para no despertarnos, la pareja de duendes busca su alegría.


«Aquí dormimos», dice ella. Y él añade: «Besos sin número.» «El despertar por la mañana...» «Plata entre los árboles...» «Arriba...» «En el jardín...» «Cuando llegó el verano...» «En la nieve invernal...» Las puertas siguen cerrándose a lo lejos, distantes, con suave sonido como el latido de un corazón.

Se acercan más; cesan en el pasillo. Cae el viento, resbala plateada la lluvia en el vidrio. Nuestros ojos se oscurecen; no oímos pasos a nuestro lado; no vemos a señora alguna extendiendo su manto fantasmal. Las manos del caballero forman pantalla ante la linterna. Con un suspiro, él dice: «Míralos, profundamente dormidos, con el amor en los labios.»

Inclinados, sosteniendo la linterna de plata sobre nosotros, nos miran larga y profundamente. Larga es su espera. Entra directo el viento; la llama se vence levemente. Locos rayos de luna cruzan suelo y muro, y, al encontrarse, manchan los rostros inclinados; los rostros que consideran; los rostros que examinan a los durmientes y buscan su dicha oculta.

«A salvo, a salvo, a salvo», late con orgullo el corazón de la casa. «Tantos años...», suspira él. «Me has vuelto a encontrar.» «Aquí», murmura ella, «dormida; en el jardín leyendo; riendo, dándoles la vuelta a las manzanas en la buhardilla. Aquí dejamos nuestro tesoro...» Al inclinarse, su luz levanta mis párpados. «¡A salvo! ¡A salvo! ¡A salvo!», late enloquecido el pulso de la casa. Me despierto y grito: «¿Es este el tesoro enterrado de ustedes? La luz en el corazón.»

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Cuento: Lunes o martes (Virginia Woolf)

Perezosa e indiferente, sacudiendo con facilidad el espacio de sus alas, conocedora de su camino, pasa la garza sobre la iglesia, bajo el cielo. Blanco e indiferente, ensimismado, el cielo cubre y descubre sin cesar, se va y se queda. ¿Un lago? ¡Quítale las orillas! ¿Una montaña? Sí, perfecto, con el oro del sol en las laderas. Cae desde lo alto. Helechos o plumas blancas, siempre, siempre...

Deseando la verdad, esperándola, destilando laboriosamente unas pocas palabras, deseando siempre (se inicia un grito a la izquierda, otro a la derecha; ruedas golpean divergentes; omnibuses se conglomeran en conflicto), deseando siempre (el reloj asevera con doce claras campanadas que es mediodía; la luz vierte escamas de oro; niños se arremolinan), deseando siempre verdad. Roja es la cúpula; de los árboles cuelgan monedas; el humo sale lento de las chimeneas; ladrido, alarido, grito. «Compro metal»... ¿Y la verdad?

Como rayos orientados hacia un punto, pies de hombres, pies de mujeres, negros o con incrustaciones doradas (Esa niebla... ¿Azúcar? No, gracias... La commonwealth del futuro), la luz del fuego salta y deja roja la estancia, salvo las negras figuras y sus ojos brillantes, mientras descargan una camioneta fuera, la señorita Thingummy sorbe té en su mesa escritorio, y las vitrinas protegen abrigos de pieles.

Cacareada, leve cual hoja, rizada en los bordes, pasada por las ruedas, plateada, en casa o fuera de casa, reunida, esparcida, derrochada en diferentes platillos de la balanza, barrida, sumergida, desgarrada, hundida, ensamblada... ¿Y la verdad?

Recordar ahora junto al fuego del hogar la blanca plaza de mármol. De las profundidades de marfil se alzan palabras que vierten su negrura, florecen y penetran. El libro caído; en la llama, en el humo, en las perecederas chispas; o ya viajando, la bandera en la plaza de mármol, minaretes debajo y mares de la India, mientras los espacios azules corren y las estrellas brillan... ¿la verdad?, o bien, ¿satisfacción con su proximidad?

Perezosa e indiferente la garza regresa; el cielo cubre con un velo sus estrellas; las borra luego.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Poema: Dos palabras (Alfonsina Storni)

Alfonsina Storni Martignoni (Sala Capriasca, Suiza, 29 de mayo de 1892 – Mar del Plata, Argentina, 25 de octubre de 1938) fue una poeta y escritora argentina. Fue feminista en el más noble sentido de la palabra: buscó la imprescindible igualdad entre hombre y mujer. Tuvo agallas para censurar el doble estándar por el que se exigía la virginidad femenina y no la masculina. Ahí está su poema 'Tú me quieres blanca', heredero del 'Hombres necios' de Sor Juana. Lo mismo ocurre en poemas como 'Hombre pequeñito', 'La que comprende', 'Siglo XX' o 'Veinte siglos', textos todos que apuntan al anhelo de igualdad real para la mujer en la sociedad. Ella misma apoyó los centros feministas, luchó por el derecho al voto y defendió cuestiones que hoy nos parecen obvias. Pero todo lo hizo sin desmerecer el papel del hombre. Fue Storni una mujer rebelde para su tiempo, buscadora incansable de la necesaria libertad femenina frente a las imposiciones y prejuicios machistas.(extraído de http://www.libertaddigital.com)


Dos palabras

Esta noche al oído me has dicho dos palabras 
Comunes. Dos palabras cansadas 
De ser dichas. Palabras 
Que de viejas son nuevas.

Dos palabras tan dulces que la luna que andaba 
Filtrando entre las ramas 
Se detuvo en mi boca. Tan dulces dos palabras 
Que una hormiga pasea por mi cuello y no intento 
Moverme para echarla.

Tan dulces dos palabras 
—Que digo sin quererlo— ¡oh, qué bella, la vida!— 
Tan dulces y tan mansas 
Que aceites olorosos sobre el cuerpo derraman.

Tan dulces y tan bellas 
Que nerviosos, mis dedos, 
Se mueven hacia el cielo imitando tijeras. 
Oh, mis dedos quisieran 
Cortar estrellas.

jueves, 12 de septiembre de 2013

Poema: Oscurece (Por Carla Sagulo)

Carla Sagulo es poeta y profesora de Letras por la UBA; publicó El vino de la casa (Ediciones VOX, 2007), Fuego chico (Nulú Bonsai Editora, 2009) y Toro (Felicita Cartonera, Asunción, 2011). Además trabaja como traductora y profesora de español para extranjeros; desde 2008 también coordina un taller de lectura y escritura.

Oscurece

es temprano y las cosas 
ya se meten en la sombra,
-el árbol flaco, rodeado de basura
la cortina de chapa- 
como en una madriguera 

porque  oscurece muy temprano 
cuando estamos tristes
cuando no hay más fauna 
que nosotros mismos
ningún ciervo iluminado que nos guíe,
un sapo al menos, 
su fría compañía blanca y verde,
algo salvaje que nos salve: 
monos, lechuzas, 
luciérnagas inquietas 
como planetas 
en la noche que comienza

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Nos despedimos (Por Agustín Márquez)

Alguna vez en nuestras vidas tenemos la obligación —e incluso la necesidad— de despedirnos. En ella siempre hay un hasta ahora, un hasta luego, un adiós, un hasta siempre. Nos separamos de alguien o algo, de alguno o alguna, o de todos. A veces lloramos su ausencia porque se va una parte de nosotros por un tiempo o «para siempre». Otras veces reímos su marcha, pues sabemos que comienza para ella o para él un nuevo periodo de gracia. En algunas despedidas sabemos que habrá un reencuentro, alguno más terrenal, otro más divino, sin embargo en otras no es posible hacer coincidir el paraíso y el infierno, el hoy y el ayer, el futuro y el mañana.

          Sentimos pena por aquél que se va, frustración, alivio, o alegría, pero en realidad quizás ese sentimiento sea algo más egoísta de lo que creemos, y lo que sentimos es para con nosotros. Nos alegramos por su marcha porque nos liberamos de alguna carga: el presente nos hace libres. Lamentamos su despedida porque nuestras circunstancias cambian, comenzamos a vivir sin ello, ahora «yo soy yo y mis circunstancias (sin ella, ello o él)». Sin embargo, a pesar de las alegría o las penas, de las viejas o nuevas circunstancias, una despedida es una oportunidad, un comienzo, en realidad es un nuevo encuentro de nosotros mismos sin aquél, aquella o aquello de quien nos hemos despedido.

 Por Agustín Márquez