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lunes, 12 de agosto de 2013

Teatro: Incendios (Dir. Wajdi Mouawad) por Pilar González


El drama es en sí movimiento, acción. Como género, su definición presupone tragedia, fatalidad que se abate sobre los protagonistas que, lejos de ser dueños de sus actos, la atraen hacia ellos mediante la inevitabilidad de un destino prefigurado. Esta es la suerte que corren los personajes principales de Incendios, la obra del canadiense de raíces libanesas Wajdi Mouawad. El desarrollo de la historia hace referencia a un pasado atroz, una madeja que es desenredada por Esmeralda Mitre y Mariano Torre como parte de la pesada herencia que la madre -Ana María Picchio- les ha dejado como legado al morir.
 Más allá de la dureza de su argumento –que nos resulta cercano en algún punto, ya que relata una guerra intestina en donde la forma de ejecutar las atrocidades no reconoce fronteras- el foco de la obra reside en dos pilares: la gravitación que Picchio sabe imponer en cada aparición, y una puesta en escena de gran despliegue.  Fuera de eso, el resto pareciera armado en función de las líneas de la actriz, incluso las fenomenales intervenciones de Daniel Araoz, que dan justo en el clavo para lograr el clímax perfecto en la trama. Mitre y Torre acompañan correctamente y el resto del elenco desarrolla muy bien sus personajes, en especial Jorge D`Elía, y Gipsy Bonafina y Germán Rodríguez, en papeles más pequeños. En cuanto a la puesta, el apoyo audiovisual es efectivo para situar las escenas temporalmente y no perder al público en ese loco ir y venir en el tiempo, que con el correr de los minutos se torna un poco cansador. 

Sobre el final, la grandilocuencia con que se anuncia la tragedia en ciernes redunda en una atmósfera enrarecida, que transforma a la pieza en una sucesión de momentos realmente devastadores. Pese a esto, Incendios deja tras de sí la sensación de una historia que cierra bien, de un viaje emocional por las belicosas tierras del Líbano que guardan secretos inexpugnables que solo la muerte puede revelar.

Por Pilar González

Ficha técnica:


Incendios, de Wajdi Mouawad
Elenco: Ana María Picchio, Jorge D`Elía, Esmeralda Mitre, Mariano Torre, Gipsy Bonafina, Stella Galazzi, Marta Lubos, Fabiana Falcón, Germán Rodríguez, David Masajnik, Luciano Bonanno, Pablo Lambarri, Héctor Da Rosa y Daniel Araoz.
Diseño de escenografía: Emilio Basaldúa
Diseño de videoescena: Álvaro Luna
Diseño de luces: Eli Sirlin
Diseño de sonido: Iván Grigoriev y Leopoldo Videla
Diseño de show control y audiovisual: Iván Grigoriev y Leopoldo Videla
Vestuario: Mini Zuccheri
Producción Ejecutiva: María Videla Rivero
Versión y dramaturgia: Sergio Renán
Director de escena y medios audiovisuales: Sergio Renán

lunes, 22 de julio de 2013

Crítica: Frida, entre lo absurdo y lo fugaz (Por Pilar González)


Por Pilar González. Frida Kahlo fue sin dudas una de las artistas latinoamericanas de mayor renombre del siglo XX. Por lo tanto, la decisión de encarar un proyecto que cuente su tumultuosa vida –sobre todo, en clave de musical- conlleva una serie de ensayos, errores, condensaciones y reformulaciones que tienen que ver no solo con el género, sino también con una forma de contar que atraiga a ese público particular. Frida, entre lo absurdo y lo fugaz campea sin dificultad este desafío, y logra pincelar en menos de dos horas esa historia de dolor, amor, muerte e inspiración que significó la vida de la pintora mexicana.


La puesta es magnífica. En el teatro argentino actual, hablar del uso del multimedia significa colocar en el escenario una pantalla en donde se proyectan imágenes que muy pocas veces aportan a la secuencia dramática que se desarrolla sobre las tablas. Aquí, tres lienzos blancos sirven para que murales, retratos, paisajes y estados de ánimo transporten a los espectadores sin dificultad al universo de la artista. Unos pocos y funcionales muebles –entre ellos, la cama de Frida- son solo lo que los actores necesitan para motorizar cada uno de los cuadros. En contraste, llama la atención el esmero puesto en la variedad y profusión de vestuario: los más de 30 actores,desde los protagonistas hasta aquellos que colorean el fondo, cuentan con una cuidada producción que hace mella en la caracterización de época que requieren las escenas narradas.


Cabe destacar la composición de temas originales para este musical, que rescatan el folclore mexicano e incorporan sonidos latinoamericanos que crean climas de brillo u oscuridad dependiendo de la progresión dramática. En cuanto a las interpretaciones, Carla Liguori, Ariel Leyra, Marisa Provenzano y Manuel Feito componen un cuarteto admirable. Liguori encanta con su voz dulce y carismática, y encarna a una Frida con presencia y dispuesta a ser un modelo de femineidad para su época, mientras que Leyra sobresale en el papel del egoísta e infiel Diego Rivera, enamorado sin embargo hasta la médula de su mujer. Provenzano y Feito se complementan como los padres de Frida, logrando cuadros verdaderamente conmovedores, en especial cuando entra en acción la soprano. Por último, un ensamble musical de niñas-calavera le aporta un toque de misticismo onírico al desarrollo de la obra, presagiando las tormentas que sacudieron la vida de la artista.


Frida, entre lo absurdo y lo fugaz hace bien los deberes y reúne-de manera acertada-a todos los elementos clásicosdel género bajo el paraguas de una historia de vida más que atractiva.



Ficha técnica:

Frida, entre lo absurdo y lo fugaz
Guión y Letras: Carla Liguori- Javier Raffa
Música: Carla Liguori – Agustín Konsol
Dirección General: Carla Liguori
Dirección de Actores: Fernando Devito
Arreglos corales: Gabriel Giangrante
Preparación vocal: Maia Barrios
Dirección de arte: Mariano Pauplys
Coreografías: Nadia Saval
Diseño de Luces: Magdalena BerrettaMiguez
Fotografía: Gonzalo GuerechitRatti
Elenco: Carla Liguori, Ariel Leyra, Marisa Provenzano, Manuel Feito, Candela Cibrián, Diana Amarilla, Carolina Díaz Codeso, Javier Belay, Pilar Mior, José Luis Marinelli, Sabrina Artaza, Eugenia Encina, Carlos Miceli, Pamela Tello, Eduardo M. Blanco, Pato Chaneton y Juan Otero Ramos.
Ensamble: Ma. Laura Moltoni, Ma. Belén Matoso, Sabrina Sequeira, Tamara Kovalchuk, Lucía Gerpe, Micaela Dinolfo, Christian Romano, Ricardo Sabbatini, Nicolás Leguizamón, Gracian Quiroga, Patricio Díaz, José Nualart, José Miguel Rodríguez, Carolina Martínez, Agustina Sol Brischetto, DaryaShara, Agustina Asteriti, Camila Gómez, Annelise Di Santo, Melina Peregal, Leandro Suárez y Aldana Queirolo.

 




lunes, 1 de julio de 2013

Teatro: Maravillosa infancia artificial (Por Pilar González)

(Por Pilar González) Esta refrescante fantasía futurista de ribetes vintage es una apuesta que entra por los ojos: desde el primer minuto, su sólida puesta en escena delinea un panorama retro cincuentoso, en donde dos científicas –tal vez un poco torpes- tratan de borrar la memoria y subsanar el trauma de un sargento que ha cometido un error imperdonable en combate. Una extraña cabina de vidrio, drogas de diseño, electrodos y un mantra subliminal son algunos de los elementos que ponen en clima y adentran al espectador en la trama de estas dos hermanas estadounidenses en busca de la reivindicación de un pasado perdido.

Las actuaciones están a la altura de la historia, que ofrece drama y comedia con justas dosis de ironía. Se destaca la bella Paula Castagnetti, que puede ser frágil e indefensa o despiadada e inescrupulosa según las circunstancias. Su contrafigura es una hermana mayor un tanto insegura –encarnada por Alejandra D’Agostino- pero que aceptará seguir las pautas del plan acordado por ambas como un gesto de protección hacia la menor. Alejandro Schiappacasse, en tanto, aporta un elemento de duda y descontrol a ese ambiente de laboratorio perfectamente recreado y sin embargo no preparado para esos resultados inesperados. Algo que tal vez reste en la performance de los actores son las partes cantadas, que ponen a prueba y fuerzan las capacidades vocales de los intérpretes sin necesidad alguna.

A pesar de su simpleza, la trama aporta un par de giros interesantes, y la dinámica de los personajes denota una buena dirección de actores. Otra cuestión a destacar es el vocabulario científico utilizado en el libro, que pone de manifiesto una investigación previa sobre ciertos fenómenos que se escenifican en la obra. Así, Maravillosa infancia artificial es la voluntad de recuperar lo perdido a toda costa, a través de un experimento que pone en juego no solo la ética, sino también los sentimientos de sus ejecutoras.

Ficha técnica:

Elenco: Alejandra D’Agostino, Paula Castagnetti y Alejandro Schiappacasse
Realización escenográfica: Ariel Vaccaro
Diseño escenográfico: Julieta Potenze
Diseño de luces: Sergio Cucchiara
Diseño sonoro: Nicolás Gallo
Vestuario: Inés López y Laura Etcheverry
Asistencia de dirección: Verónica Roux
Dirección: Germán Rodríguez

martes, 28 de mayo de 2013

Teatro: Crítica: El Partener (Por Pilar González)

Lo gauchesco, las raíces, el folclore, lo pueblerino, la peña local, la vida privada expuesta, el “qué dirán”, las viejas chismosas en la vereda, las ganas de irse, la paternidad, la huida  las borracheras, las ganas de ser querido y las de dejarse cuidar… Estas son algunas facetas de una cara que los habitantes del interior de la Argentina muestran –en mayor o menor medida- para muchos de los que por allí hemos vivido o trajinado. Y es en un viaje en donde pueden surgir historias como la de El Partener, una pieza nacida en pleno trayecto hacia Gualeguaychú y que su creador, Mauricio Kartun, decidió ambientar en una mugrienta habitación en Campana. Un padre escurridizo y mañero, un adolescente abandonado que le sigue la huella y la china de turno conforman el triángulo del conflicto que rige la historia.

Esta es una obra hecha a la medida de Juan Palomino. Su carácter de galán maduro, su postura corporal y hasta la textura de su voz lo transforman en un paisano borracho y pendenciero con pretensiones de cantor, que anda por los pueblos buscándose la vida y seduciendo mujeres, mientras arrastra un hijo al que abandona una y otra vez. Por su parte, Rodrigo Álvarez interpreta a un inocente joven que sufre una calculada transformación sobre el final, aunque sin terminar de desplegar todo el potencial de recursos para componer un personaje que podría ofrecer matices más ricos. Ana Yovino compone de manera excelente a la solterona de pueblo, con tics, soliloquios irrefrenables y maneras que pintan muy bien la pacatería de antaño.

Si bien la trama no ofrece sorpresas y todo pareciera consistir en dejarse llevar por lo delicioso de los diálogos y algunas situaciones cercanas a pasos de comedia, la dirección de actores acusa un tiempo tal vez un poco largo para el desarrollo de la historia. En el final, la situación no termina de revelarse, y el director pareciera tardar en poner las cartas sobre la mesa. Más allá de todo, los valores que pone en juego El Partener, sumados a una gran calidad actoral reponen cualquier falla, realzando las interpretaciones por sobre todo.  



Ficha técnica:
El Partener, de Mauricio Kartun
Elenco: Juan Palomino, Ana Yovino y Rodrigo Álvarez
Escenografía y vestuario: Mariana Tirantte
Coreografía: Mara Linari
Diseño de luces: Gonzalo Córdova
Diseño de sonido: Araceli Matus
Asistencia de dirección: Alan Darling

Dirección: Manuel Vicente

martes, 7 de mayo de 2013

Teatro Crítica: Mustafá (Por Pilar González)


El grotesco criollo parece ser el comienzo y el fin de las desventuras argentinas. De increíble actualidad, el paso de los años no pareciera hacer mella en este género indestructible, que supo ganarle espacio al sainete para mostrar aquella cruda realidad que se vivía en los conventillos de principios del siglo XX. Es por eso que siempre da gusto toparse con una de las obras más famosas de su creador, en donde la jerigonza de italianos y turcos enciende la mecha de disputas y traiciones.

En esta oportunidad, el clásico de Discépolo cuenta con una puesta que resalta cuadros musicales cuya función es ambientar la época en donde se desarrolla el drama –interpretados en su mayoría de manera coral- y la introducción de pequeños detalles en clave humorística, que sirven de catalizador en algunas escenas en donde los diálogos se tornan un poco largos. Así, el asistente Omar –interpretado por el altísimo Alejandro Ochoa- no tendrá más que un banquito diminuto para descansar sus largas piernas tras una extensa jornada de trabajo, y allí procederá a dormirse roncando de las maneras más extravagantes.
Las actuaciones son dispares. Se destacan Nonnel Jhon –en el rol de Constantina, esposa de Mustafá-; Eduardo Wigutow –interpretando a un Mustafá que aparenta muy bien chocheras, rezongos y añoranzas de su tierra natal- y Hugo Álvarez, Don Gaetano –el antagonista italiano obsesionado con ese billete de lotería jugado a escondidas de ambas familias. El resto del elenco acompaña con altibajos, aunque merece recordarse la dificultad de este libreto concebido en un cocoliche de comienzos del siglo XX. Este Mustafá es un digno intento de revivir aquel teatro clásico que sentó las bases para la larga tradición argentina. En pleno Villa Crespo, ocho inmigrantes esperan con ansia para cobrar la lotería, mientras que el juego de la vida los conduce, inexorablemente, hacia el callejón sin salida de la pobreza.


Ficha técnica: 
Mustafá, de Armando Discépolo y Rafael Rosas
Elenco: Eduardo Wigutow, Hugo Álvarez, Nonnel Nhoj, Ulises Puiggros, Valeria Rosas, Oscar Villegas, Roberto Zabala, Alejandro Ochoa
Escenografía: Paula Molina
Caracterizaciones: Gaby Romero
Operación de luces: Miguel Solowej
Fotografías fijas y daguerrotipos: Jorge Amarilla
Asistencia: Valeria Rosas y Luis Marangón
Producción ejecutiva: Rubén Sibilia
Dirección: Hugo Álvarez


lunes, 22 de abril de 2013

Crítica: Delicioso paraíso (Por Pilar González)

La siesta de esta tarde de verano en el pueblo tiene la textura del vaho pegajoso que se levanta del agua podrida de las zanjas. Entre chicharras y otros insectos, un muerto se pudre a la sombra a la espera de un cajón. Y es que en este lugar olvidado del mundo ni los cajones llegan a tiempo, y ni qué hablar de la educación o el progreso. Delicioso paraíso tiene una escena inicial inolvidable, en donde una maestra gruñona corrige cuadernos con furia, indignada por el nivel de sus alumnos mientras su hermana –monumento al mal gusto- se depila el cavado, toma mate, mordisquea una manzana y come pan con mermelada alternativamente. Esa escena de casa humilde tan bien plantada da una idea del universo en el que se mueven las cuatro protagonistas de este melodrama provinciano con toques de policial. Con la llegada de la hermana de Buenos Aires, la tormenta comienza a esbozarse. Cae la noche, los grillos enloquecen y la porteña despliega ante las otras sus vestidos y sus chucherías de diseño. Cada una tiene una decepción guardada en el alma, tan guardada como la tía Dina, la cuñada libertina del muerto encerrada y olvidada por prevención.   

Las actuaciones son soberbias: posturas corporales, dicción, gestos, todo calza como un guante en la caracterización de las hermanas y su tía demente que baila cumbia de manera libidinosa. La relación entre los personajes está muy bien planteada, proponiendo un juego de ironías que redunda en diálogos plenos de lugares comunes, que van y vienen holgadamente entre la comicidad y el espanto. La trama es sencilla, y es allí en donde cobran fuerza esos pequeños pasos de esta comedia costumbrista del horror, en donde el muerto del placard descansa plácidamente sobre la cama, vestido con una camisa hawaiana y a la espera del entierro.

Delicioso paraíso es una invitación a sumergirnos en esa zanja de agua podrida, a bucear en las pequeñas miserias ajenas en busca de atisbos de luz, inteligencia y verdad. Todo será revelado a su tiempo, hasta la utilidad de esas flores de plástico que el público recibe al ingresar a la sala. En ese camino, y como en una procesión, las hermanas reconstruirán el árbol de esa estructura familiar deshecha, sólo para volverlo a tumbar.



Ficha técnica:

Delicioso paraíso, de Alejandra Rubio
Elenco: Alejandro Álvarez, Meme Mateo, Victoria Carambat, Paula Lemme, Goly Turilli y Maitina De Marco
Escenografía y vestuario: Maira Revollo
Luces: Diego Saggiorato
Asistencia de escenografía y vestuario: Mariela Reatco
Asistencia de dirección: Verónica Roux
Dirección: Alejandra Rubio

miércoles, 27 de marzo de 2013

Crítica: Daños colaterales (Teatro)

Hoy es el día del teatro y, por esas casualidades de la vida, inauguramos justamente en esta fecha una sección dedicada a esta expresión cultural. Quien estará a cargo de estas publicaciones será María Pilar González, quien también ha escrito para diversos sitios y medios como El Planeta Urbano y Wicked Mag, una revista de arte y tendencias del under porteño. Sin más preámbulos, les dejamos su nota sobre "Daños colaterales" del gran autor Tito Cossa.

En toda contienda –ya sea ideológica o física, y tenga esta la envergadura que tenga- suceden algunas situaciones no deseadas, pequeñas pérdidas en uno y otro bando que son soslayadas en el conteo final de bajas. Y es que, en el fragor de la lucha, lo esencial es alcanzar un objetivo común, dejando de lado los intereses particulares. Daños colaterales plantea una interesante tríada en donde el punto de desequilibrio irá turnándose entre los personajes. Así, el visitante será quien introduzca el conflicto, que luego será retomado por Julia, la mujer del capitán, y finalmente será este quien ponga el punto final, afectado por una serie de circunstancias que harán peligrar su apacible situación actual. 
Esta obra tiene como principal atractivo situar al espectador en el punto de vista del victimario. De esta manera, se logra un retrato muy humano y escalofriante al mismo tiempo, dado que el capitán ha sido –y es- un hombre que ama y que se sacrifica por amor. José María López encarna con soltura a este exmilitar devenido en guardia de seguridad, que con los años conserva las mañasy no se resigna a ser denigrado aún más de lo que ha sido,en ese pasado del que ya no se habla. Lo acompañan muy bien Ana Ferrer y Fernando Armani, la primera con un lento in crescendo hacia el saber que anuncia la tragedia de la obra, y el segundo con una descuidada imagen de sí mismo que sólo encontrará razón de ser en el reflejo de su padre desaparecido. 
Puesta y ambientación son más que sencillas, dado que Daños colaterales se construye en la intensidad de los diálogos y en el juego de miradas. Así, el peso de los silencios del genocida recae con fuerza sobre la mujer rescatada del centro de detención, y pone en sobreaviso al hijo del desaparecido: algo allí está por cambiar, y la sangre joven será el catalizador del drama.

Escrito por Pilar González para Revista Escritos Circulares
Fotografías: Magdalena Viggiani









Ficha técnica:
Daños colaterales de Roberto “Tito” Cossa
Elenco: Fernando Armani, Ana Ferrer y José María López
Ambientación: René Diviú
Diseño sonoro: Mariano Cossa
Operación de luces: Leonardo Giardina
Fotografía: Magdalena Viggiani
Asistencia de escenario: SantIago Carrizo
Asistencia de dirección: Rubén Sibilia
Producción ejecutiva: Rubén Sibilia
Dirección: Jorge Graciosi